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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo IV (1919-1921).pdf/90

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pues, un tres al millar, para que gravados los lujosos con el aumento se moderaran, viendo que los frugales y parcos, a iguales bienes, contribuían menos al erario. Odiábanle, pues, los que por el lujo aguantaban mayores impuestos, y, por el contrario, también los que renunciaban a él por no pagarlos. Porque para muchos es como quitarles la riqueza el no dejar que lo luzcan con ella; y como se luce es con lo superfluo y no necesario.

Así dicen que de lo que más se admiraba Aristón el filósofo era de que fuesen tenidos por más felices los que poseían cosas superfluas que los que abundaban en las necesarias y útiles; y Escopas el Tesaliano, como le pidiese uno de sus amigos una cosa que al mismo que la pedía no era de gran utilidad, e hiciese presente a éste que no le pedía nada que fuese o de necesidad o de provecho, "pues con estas cosas—le replicó—soy yo dichoso, y rico con las inútiles y superfluas." Así el aprecio y admiración de la riquiza, sin tener apoyo en ningún afecto, o necesidad de la Naturaleza, se introduce por una opinión enteramente externa y vulgar.

XIX. Hacía Catón tan poca cuenta de los que por estas cosas le zaherían, que todavía procuraba apretar más: cortando los acueductos que los particulares habían formado para llevar el agua del público a sus casas y jardines, recogiendo y reduciendo los voladizos de los edificios sobre la calle pública, minorando los precios de los destajos o asientos de las obras, y haciendo subir has-