XXIII. —No lo hizo esto, como algunos han creído, porque estuviese mal individualmente con Carneades, sino por ser opuesto en general a la filosofía, y por desdeñar con orgullo y soberbia toda instrucción y enseñanza griega; así es que aun de Sócrates se atreve a decir que aquel hombre hablador y violento intentó del modo que le era posible tiranizar a su patria, alterando las costumbres y llamando e impeliendo a los ciudadancs a opiniones contrarias a las leyes. Satirizando la ocupación y enseñanza de Isócrates, decía que los discípulos envejecían en su escuela para ir a usar de su arte y perorar causas en el infiemo delante de Minos. Para indisponer al hijo con las cosas de los Griegos empleó una voz más entera que lo que su vejez permitía, y, como profetizando y vaticinando, dijo que los Romanos arruinarían la república cuando por todas partes se introdujesen las letras griegas; pero el tiempo acreditó de vana esta difamación, pues que luego creció la prosperidad de la república, y admitió benignamente las ciencias y toda especie de enseñanza griega.
No se limitaba su displicencia a los Griegos dados a la filosofía, sino que también a los médicos los miraba con ceño, y habiendo oído un dicho, según parece, de Hipócrates, que siendo llamado por ell gran rey (1) con la oferta de muchos talentos, había respondido que por nada en el mundo asistiría a los bárbaros enemigos de los Griegos, de(1) El rey de los Persas.