y quenon (1), a lo menos el que más los dió a conocer a los Romanos, usando de metáforas y de otras expresiones acomodadas con singular industria y diligencia. Divertíase con poner a veces en ejercicio la gran facilidad que tenía en hacer versos, pues se dice que cuando le daba esta humorada hacía en una noche quinientos. Habiendo pasado la mayor parte de este tiempo en su quinta Tusculana, escribió a sus amigos que hacía la vida de Laertes, o por juego y chiste, como lo acostumbraba, o por prurito de ambición de mando, no llevando bien el retiro. Rara vez venía a la ciudad como no fuese para visitar a César, y entonces era el primero que suscribía a los honores que se le decretaban y que decía alguna cosa nueva en elogio de su persona y de sus hechos, como fué la relativa a las estatuas de Pompeyo, que César mandó levantar y colocar, habiendo sido antes derribadas; porque dijo Cicerón que César, con este acto de humanidad, levantaba las estatuas de Pompeyo para afirmar más las suyas.
XLI. Tenía pensado, según se dice, escribir la Historia romana, entretejiendo con ella gran parte de la griega y recogiendo todas las fábulas y relaciones que corrían; pero vinieron a impedírselo negocios y sucesos públicos y privados, de los cuales la mayor parte parece que se los atrajo por su gusto. Porque, en primer lugar, repudió a su mujer (1) Significan estos nombres: visión interior, asenso, detenimiento del asenso, comprensión, átomo, lo que no tiene partes y el vicio.