Ir al contenido

Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo IX (1919-1921).pdf/105

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página no ha sido corregida
97
 

había movido a compasión cuando vió que pasaba por la plaza el cadáver y Antonio le mostró la túnica de César llena de sangre y acribillada a puñaladas, furioso y ciego de ira, en la misma plaza anduvo buscando a los matadores, y con tizones encendidos corrieron muchos a las casas de éstos para darles fuego; y aunque de este peligro se salvaron con guardarse y precaverse, temiendo otros muchos no menores que él, tuvieron que abandonar la ciudad.

XLIII. Esto dió osadía a Antonio, y si a todos infundió temor, pareciéndoles que usurparía una autoridad monárquica, mucho mayor se le causó a Cicerón; porque viendo que el poder de éste en la república había adquirido fuerza, y sabiendo que era del partido de Bruto, abiertamente se mostraba incomodado con su presencia, además de que siempre estaban recelosos el uno del otro por la desemejanza de su conducta y por sus antiguas disensiones. Temeroso, pues, Cicerón, intentó primero pasar delegado con Dolabela a la Siria; pero habiéndole rogado los que después de Antonio iban a ser cónsules, Hircio y Pansa, varones de probidad y amantes de Cicerón, que no los abandonase, pues le ofrecían oprimir a Antonio si él se quedaba, no creyéndolos del todo, ni tampoco dejándolos de creer, no hizo ya cuenta de Dolabela, y diciendo a Hircio que se iba a pasar el estío en Atenas y que cuando hubiesen entrado en su cargo volvería, sin más autorización se dispuso para aquel viaje. Hubo detenciones en la navegación, y lleganVIDAS.—T. IX.