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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo IX (1919-1921).pdf/15

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cidad de la pronunciación latina, las metáforas de los nombres, la armonía y todo lo demás con lo que se engalana el discurso, téngolo por útil y agradable; pero el estudio y ejercitación en este trabajo, como empresa difícil, sólo es para los que tienen ocio y tiempo que dedicar a tales primores.

III. Por esta razón, escribiendo en este libro de las VIDAS PARALELAS las de Demóstenes y Cicerón, de sus hechos y del modo de conducirse en el gobierno, procuraremos colegir cuál era el carácter y disposición de cada uno, omitiendo el hacer cotejo de sus discursos, y manifestar cuál de los dos era más dulce o más primoroso en el decir, porque esto sería, como dijo Yon, la fuerza del delfín en tierra.

Por ignorar esta máxima Cecilio, excesivo en todo, se metió sin reflexión a formar juicio entre Cicerón y Demóstenes; pero si a todos les fuera dado tener a la mano el conócete a ti mismo, no hubiera sido ésta tenida por una advertencia divina. Parece, pues, haber sido un mismo genio el que formó a Demóstenes y Cicerón, y acumuló en su naturaleza muchas semejanzas, como la ambición, el amor de la libertad cuando tomaron parte en el gobierno y la cobardía para los peligros y la guerra; con lo que mezcló también muchas cosas de las que son de fortuna; porque no creo que podrán encontrarse otros dos oradores que de obscuros y pequeños hubiesen llegado a ser grandes y poderosos, que hubiesen resistido a reyes y tiranos, que hubiesen perdido sus hijas, hubiesen sido arrojados de su patria y restituídos después con honor; que huyendo