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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo IX (1919-1921).pdf/206

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las manos con Antonio junto a Módena, acompañándolos César y peleando a su lado bien, quedaron vencedores en aquel encuentro, pero murieron ambos. Tuvo que huir Antonio, y en aquella huída se vió en mil apuros, de los que el mayor fué el hambre; pero en la adversidad se hacía mejor de lo que era por naturaleza, y cuando padecía infortunios podía pasar por bueno. Común es a todos conocer el precio de la virtud cuando caen en cualquiera desgracia o aflicción; pero no es de todos el imitar lo que aprueban y huir de lo que vituperan, haciéndose fuertes contra la mala fortuna; y antes algunos ceden de sus buenos discursos, y por debilidad se dejan arrastrar de sus hábitos y costumbres; mas Antonio en esta ocasión fué un admirable ejemplo para sus soldados, pasando de tanto regalo y opulencia a beber sin melindres agua corrompida y a mantenerse de raíces y frutos silvestres; y aun, según se dice, comieron cortezas y se resolvieron a usar de carnes nunca antes gustadas al pasar los Alpes.

XVIII. Su intento era tratar con las tropas que allí había, mandadas por Lépido, que parecía ser amigo de Antonio, a causa de haber disfrutado por su mediación del favor de César para muchos negocios. Llegando, pues, y acampándose cerca, cuando vió que no se hacía con él demostración ninguna de amistad, se decidió a tentarlo todo.

Llevaba el cabello desgreñado, y en el tiempo que había mediado desde la derrota le había crecido una espesa barba; tomó además la toga de duelo,