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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo IX (1919-1921).pdf/214

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sión que llamó mucho la atención a Antonio, el cual ignoraba lo más de lo que pasaba, no tanto por ser negligente y descuidado como porque sencillamente se fiaba demasiado de los que le rodeaban.

Pues realmente tenía un gran fondo de sencillez, y no daba fácilmente en las cosas; pero luego que advertía sus faltas, era vehemente en sentirlas, y no se detenía en dar satisfacción a los ofendidos.

Era además excesivo en la retribución y en el castigo, aunque más salía de medida en el recompensar que en el castigar. Las chanzas y burlas que a los otros hacía, llevaban en sí mismas la medicina, porque no había mal en volvérselas y en chancearse también, y no menos se divertía con que se le burlasen que con burlarse; cosa que en muchos negocios le fué perjudicial. Porque no sospechando que los que tenían libertad para las burlas le adulaban en los negocios serios, le cogían fácilmente como con cebo con las alabanzas, no advirtiendo que algunos mezclaban la libertad como una salsa astringente con la lisonja para quitar la saciedad al atrevido y demasiado hablar de los festines, y para disponer también el que cuando ceden y se aquietan en los negocios, parezca que no es en obsequio de la persona, sino a causa de darse por vencidos de su prudencia y su juicio.

XXV. Siendo éste el carácter de Antonio, se le agregó por último mal el amor de Cleopatra, porque despertó e inflamó en él muchos afectos hasta entonces ocultos e inactivos, y si había algo de bueno y saludable con que antes se hubiese contenido,