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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo IX (1919-1921).pdf/237

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sentaron los Partos, y corrieron a envolver y cortar por todos lados el ejército. Marcharon contra ellos las tropas ligeras; y causando a éstas muchas heridas con sus tiros, y no recibiéndolas menores de las saetas y pelotas de plomo que se les arrojaban, se retiraron. Repitieron otra vez el mismo choque, hasta que, volviendo los Celtas contra ellos sus caballos, los acometieron con viveza y los dispersaron, sin que en todo aquel día volvieran a parecer.

XLII. Viendo con esto Antonio cómo debía conducirse, protegió con muchos ballesteros y honderos, no sólo la retaguardia, sino también uno y otro flanco, y caminando con su hueste en cuadro, dió orden a la caballería de que los acometiera y rechazara, y rechazados no les siguiera lejos el alcance; de manera que los Partos, habiendo experimentado en cuatro días seguidos que nada habían podido adelantar, ni habían causado más daño que el que habían recibido, empezaron a aflojar, y pensaban en retirarse, poniendo la estación por excusa; pero al quinto día Flavio Galo, buen militar, emprendedor y que se hallaba con mando, se llegó a Antonio y le pidió que le permitiera tomar mayor número de los tiradores de retaguardia y algunos caballos de los del frente, como para hacer una cosa memorable. Dióselos, y al cargar los enemigos los rechazó, no como antes, retirándose luego a incorporarse con la infantería, sino permaneciendo y trabando un combate reñido. Viendo los comandantes de retaguardia que se había desunido, lo