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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo IX (1919-1921).pdf/238

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enviaron a llamar, pero él no hizo caso. Dícese que el cuestor Ticio, echando mano a las insignias, retrocedió, y reconvino con denuestos a Galo de que no hacía mas que perder a los mejores y más valientes soldados; pero éste le volvió las injurias, y mandando a su tropa que premaneciese, Ticio se retiró; mas Galo, arrojándose denodadamente sobro los enemigos que tenía al frente, no observó que le cercaban y envolvían muchos por la espalda.

Herido, pues, y acosado por todas partes, envió a pedir auxilio; los capitanes que mandaban la infantería, de los cuales era uno Canidio, hombre de grande influjo y poder cerca de Antonio, cometie—ron, como lo puede juzgar cualquiera, un grandísimo yerro, pues cuando debían acometer con toda la hueste apiñada, enviando de auxilio partidas pequeñas, y vencidas aquéllas, otras, no vieron que de aquella manera iban a poner en derrota y en fuga todo el ejército; y así habría sucedido, a no haber acudido el mismo Antonio desde el frente con la infantería, y haber mandado a la legión tercera que por entre los que huían penetrase contra los enemigos, con lo que los contuvo en su persecución.

XLIII. Murieron sobre unos tres mil hombres, y se condujeron a las tiendas cinco mil heridos; entre ellos el mismo Galo, pasado de frente por cuatro saetas; pero éste no sanó de las heridas. A los demás los visitó y alentó Antonio, llorando sobre sus males y mostrándose compadecido; ellos, contentos, tomándole la diestra, le rogaban al reti-