mar Rojo del mar de Egipto, y que se dice ser el término y aledaño entre el Asia y el Africa por aquella parte en que es más estrechado de ambos mares, y tiene menor latitud, que no es más que de trescientos estadios, y trasladando las naves al golfo Arábigo con grandes caudales y toda especie de riqueza, establecerse al otro lado, huyendo de la esclavitud y de la guerra. Mas por haber sucedido que los habitantes de la Arabia llamada Pétrea dieron fuego a las primeras naves que se pasaron y por estar Antonio en la creencia de que se sostenía su ejército de Accio, dió de mano a la empresa, contentándose con guardar las bocas del Nilo.
Antonio, dejando la ciudad y la compañía de los amigos, se dispuso una habitación en el mar junto al Faro por medio de una calzada que se prolongaba mar adentro, y se fijó allí, separado del comercio de los hombres, diciendo que elegía y se proponía imitar la vida de Timón, pues que le había sucedido lo mismo que a éste; el cual, agraviado y mal correspondido de sus amigos, había llegado a desconfiar de todos los hombres y a mirarlos con aversión.
LXX. Timón era ateniense y vivió por el tiempo de la guerra del Peloponeso, como se colige de las comedias de Aristófanes y Platón, pues en ellas es satirizado como áspero y aborrecedor de los hombres. Huía todo encuentro y trato con ellos; pero a Alcibíades, siendo todavía muy mocito y muy resuelto, le saludó y besó un día con grande empeño; y como se admirase Apemanto y le pre-