la violencia de los afectos, le dió un golpe con el cetro y le quitó la vida; no fué poca la fuerza que de la representación y la acción teatral tomó para persuadir la elocuencia de Cicerón, como que de los oradores que hacían consistir el primor de ésta en vocear mucho solía decir con chiste que por fla queza montaban en los gritos como los cojos en un caballo. Su facilidad y gracia para esta clase de agudezas y donaires bien parecía propia del foro y sazonada; pero usando de ella con demasiada frecuen cia, sobre ofender a no pocos, le atrajo la nota de maligno.
VI. Nombrósele cuestor en tiempo de carestia; y habiéndole cabido en suerte la Sicilia, al principio se hizo molesto a aquellos naturales por versc precisado a enviar trigo a Roma; pero después, habiendo experimentado su celo, su justificación y su genio apacible, le respetaron sobre todos los magistrados que habían conocido. Sucedió en aquella sazón que a muchos de los jóvenes más principales y de las primeras familias se les hizo cargo de insubordinación y falta de valor en la guerra, y habiendo sido remitidos al Tribunal del pretor de la Sicilia, Cicerón defendió enérgicamente su causa y los sacó libres. Venía muy engreído con esto a Roma, y dice él mismo que le sucedió una cosa graciosa y muy para reír (1), porque habiéndose encontrado en la Campania con un ciudadano de los más principales, a quien tenía por amigo, le preguntó qué (1) Véase Pro Plancio, cap. XXVI.