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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo IX (1919-1921).pdf/67

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dio del tumulto de los comicios. Parecía que hasta los dioses anunciaban de antemano lo que iba a suceder con terremotos, truenos y fantasmas. Las denuncias de los hombres bien eran ciertas; pero todavía no podían darse a luz contra un hombre tan ilustre y poderoso como Catilina. Por tanto, dilatando Cicerón el día de los comicios, llamó a Catilina al Senado y le preguntó acerca de las voces que corrían. Este, que juzgaba ser muchos en el Senado los que estaban por las novedades, poniéndose a mirar a los conjurados, dió tranquilamente a Cicerón esta respuesta: «Se podrá tener por cosa muy extraña, habiendo dos cuerpos, de los cuales el uno está flaco y moribundo, pero tiene cabeza, y el otro es fuerte y robusto, mas carece de ella, el que yo le ponga cabeza a éste?» Quería designar con estas expresiones enigmáticas al Senado y al pueblo, por lo que entró Cicerón en mayores recelos, y vistiéndose una coraza, todos los principales de la ciudad y muchos de los jóvenes le acompañaron desde su casa al campo de Marte. Llevaba de intento descubierta un poco la coraza, habiendo desatado la túnica por los hombros, a fin de dar a entender a los que le viesen el peligro. Indignados con esto, se le pusieron alrededor, y, por fin, hecha la votación, excluyeron por segunda vez a Catilina y designaron cónsules a Silano y Murena.

XV. Do allí a poco, dispuestos ya a reunirse con Catilina los de la Toscana, y no estando lejos el día señalado para dar el golpe, vinieron a casa de Cicerón, a la media noche, los primeros y más