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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo I (1919-1921).pdf/168

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arreglar combates, como que en esto sobresalían, y a los Lacedemonios azotarlos cuando no lo hiciesen bien; lo que sólo se inventó para hacer reir; pero Antistenes el Socrático (1), viendo a los Tebanos muy orgullosos después de la batalla de Leuctras, dijo que en nada se diferenciaban de unos muchachuelos que se vanagloriaban de haber dado una zurra a su ayo.

XXXI.—Mas no entró en las miras de Licurgo dejar una ciudad que imperase a otras muchas, sino que creído de que como en la vida de los hombres, así también en la de las ciudades, la felicidad no podía provenir sino de la virtud y de la concordia entre sí, con relación a esto la ordenó y conformó para que sus ciudadanos por muy largo tiempo se conservasen libres, independientes y moderados. Y este mismo tipo de gobierno se propusieron Platón, Diógenes y Zenón, y todos cuantos son alabados por haber querido hablar de estas cosas, con no habernos dejado más que letras y palabras. Licurgo, pues, que sacó a luz, no letras y palabras, sino un gobierno inimitable, y que a los que tenían por quimera la que llamaban disposición o idea de un sabio, les puso ante los ojos a toda una ciudad filosofando, justamente excedió en gloria a todos cuantos han puesto mano en estas cosas entre los griegos. Por esto dijo Aristóteles que gozaba en Lacedemonia unos honores muy inferiores a los (1) Fundador de la escuela cínica.