presentes al pueblo muchas cosas por el término de estas que escribió en sus poemas: Os pagáls de la lengua y las palabras, de un hombre enlabiador y artificioso; as no miráis, atentos, su conducta (1).
Una astuta vulpeja cada uno, sois todos juntos un tropel de bobos.
Mas viendo que los pobres, decididos a servir a Pisístrato, movían alborotos, y que los ricos se retiraban sobrecogidos de miedo, se retiró también, diciendo que era más avisado que los unos y más alentado que los otros: más avisado que los que no comprendían qué era lo que en realidad había habido, y más alentado que los que, comprendiéndolo, temían contrarrestar a la tiranía. Sancionó el pueblo el decreto, y no anduvo en cortapisas con Pisístrato sobre el número de los maceros, sino que le dejó mantener y llevar consigo cuantos quiso, hasta que se apoderó de la ciudadela. Verificado esto, como la ciudad se conmoviese ya contra él, Megacles y los demás Alemenoides huyeron; Solón era ya entonces demasiado anciano, y no tuvo quien le auxiliase; mas, sin embargo, se presentó en la plaza y arengó a los ciudadanos, vituperando por una parte su inconsideración y afeminamiento, y exhortándolos e incitándolos por otra a no hacer el abandono de su libertad. Entonces les dijo aquella memorable sentencia: que antes les habría sido más hacedero impedir que naciese la tiranía; pero enton(1) Faltaba este verso en la cita de Plutarco. Se encuentra el pasaje entero en Diógenes Laercio.