mendando al hierro la decisión de su suerte.
Otros consejos hermanos de éste dió a Pompeyo y a sus asesores, persuadiéndolos a que se decretase que ninguna ciudad de las sujetas a la república sería saqueada, ni ningún romano muerto fuera de las filas; lo que le granjeó gran reputación, y atrajo a muchos al partido de Pompeyo, conducidos de su equidad y mansedumbre.
LIV. Enviado al Asia para que ayudara a los que estaban encargados de allegar naves y gentes, llevó consigo a su hermana Servilia y a un hijo pequeño que ésta había tenido de Lúculo, porque le había seguido, logrando con esto borrar en gran parte la nota de su inmoderada conducta, pues que se había sujetado voluntariamente al cuidado, a los viajes y al austero método de vida de Catón; sin embargo, César no dejó, a pretexto de la hermana, de lanzar dicterios contra Catón. Parece que los generales de Pompeyo en las demás partes no habían tenido necesidad del auxilio de aquél; pero a los Rodios él fué quien los atrajo con su persuasión; y dejando en aquella ciudad a Servilia y al niño, volvió a unirse con Pompeyo, que ya tenía un brillante ejército y una numerosa escuadra. En esta ocasión puso Pompeyo bien de manifiesto cuáles eran sus ideas: porque había resuelto dar a Catón el mando de las naves, que las de guerra no bajaban de quinientas, y los transportes, las de avisos y barcos rasos no tenían número; pero habiendo recapacitado luego, o sido