pensar en huir, y que despachando a los demás él y su hijo y sus amigos atendían a todo sin mostrar el menor recelo, no sabía qué pensar de aquella conducta; y como hiciese de él la mayor cuenta, siguió con el ejército apresurando la marcha; pero luego que oyó su muerte, se dice que exclamó: ¡Oh Catón, te envidio la gloria de tu muerte, ya que tú no me has querido dejar la de salvarte!» Porque, en realidad, el que Catón, habiendo esperado, hubiera debido la vida a César, más que en desdoro de su nombre, había de ceder en honor y gloria de éste. Lo que habría sido no se sabe, aunque las conjeturas están en favor de César.
LXXIII. Murió Catón a los cuarenta y ocho años de edad; su hijo ninguna ofensa recibió de César. Dicese de él que fué desidioso, y en punto a mujeres, no del todo irreprensible; así, en Capadocia, siendo su huésped Marfadates, que era de la familia real y tenía una mujer muy bien parecida, como se detuviese más tiempo del que convenía, se le zahirió diciéndose contra él: Mañana se va Catón, al cabo de treinta días; Porclo son y Marfadates dos amigos, alma una Porque el nombre de la mujer de Marfadates en griego (1) equivalía al de alma; y además, Noble e ilustre es Catón: es su alma un alma regia..
(1) La mujer de Marfadates se llamaba Psique, y psique en griego es alma.