luego que se convenció de que el que hacía la relación no mentía, se tranquilizó, y tomando consigo a aquellos ciudadanos que le parecía habían de ser más contrarios a su designio, se apoderó de Herea y Alsea, ciudades sujetas a los Aqueos.
Introdujo después víveres en Orcomene, se acampó junto a Mantinea, y yendo arriba y abajo con continuas y largas marchas, quebrantó de tal modo a los Lacedemonios, que a petición de ellos mismos dejó la mayor parte en la Arcadia; y conservando consigo a los que servían a sueldo, marchó con ellos a Esparta. En el camino comunicó su proyecto a aquellos que creía serle más adictos, y hacía su marcha con sosiego y recato para sorprender a los Eforos cuando estuviesen en la cena.
VIII. Cuando estuvo cerca de la ciudad, envió a Euriclidas al lugar donde tenían los Eforos su cenador, como que iba de su parte a darles alguna noticia relativa al ejército; y Teriquión y Febis, y dos de los que se habían criado con Cleomenes, a los que llaman Molacas, le seguían con unos cuantos soldados. Todavía estaba Euriclidas haciendo su relación a los Eforos cuando, entrando aquéllos con las espadas desenvainadas, empezaron a acuchillarlos. El primero con quien tropezaron fué Agileo, y cayendo al golpe en el suelo, se creyó que había muerto; mas él, arrastrándose poco a poco, se salió del cenador, y pudo pasar a ocultarse en un edificio muy pequeño que estaba contiguo.
Era éste el templo del Miedo, y siendo así que ordinariamente estaba cerrado, entonces por ca-