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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo VIII (1919-1921).pdf/187

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sualidad se hallaba abierto; entrándose, pues, en él, cerró la puerta. Los otros cuatro fueron muertos, y con ellos más de diez de los que se pusieron a defenderlos; pues que no ofendieron a los que se estuvieron quedos, ni detuvieron a los que quisieron salirse de la ciudad, y aun usaron de indulgencia con Agileo, que al otro día salió del templo.

IX. Tienen los Lacedemonios templos, no sólo del Miedo, sino de la Muerte, de la Risa y de otros afectos y pasiones; mas si veneran al Miedo, no es como a los Genios que queremos aplacar, teniéndole por nocivo, sino en la persuasión de que la república principalmente se sostiene con el temor; y por esta razón los Eforos, al entrar a desempeñar su cargo, mandan por pregón, según dice Aristóteles, que se afeiten el bigote y observen las leyes, para no encontrarlos indóciles. Lo del bigote, en mi concepto, lo comprenden en el pregón para acostumbrar a los jóvenes a la obediencia aun en las cosas más pequeñas. En mi dictamen, asimismo no creían los antiguos que la fortaleza era falta de miedo, sino más bien temor del vituperio y miedo de la afrenta; porque los que más temor tienen a las leyes, son los más osados contra los enemigos, y sienten menos el padecer y sufrir los que más temen a que se hable mal de ellos. Así, tuvo mucha razón el que dijo: Allí está la vergüenza donde el miedo; y Homero: Yo os venero y temo, oh caro suegro;