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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo VIII (1919-1921).pdf/202

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del Hereo, y desde allí pasar en barcos las tropas a Sicione, aunque esto era obra de mucho tiempo y de no comunes preparativos; pero ya a la caída de la tarde vinieron de Argos por mar unos amigos de Arato, enviados por ésté a llamarle, con motivo de que los Argivos se habían rebelado a Cleómenes. Era Aristóteles quien había negociado esta defección, no habiéndole sido fácil persuadir a la muchedumbre, irritada porque Cleómenes no había hecho la abolición de deudas con que ella se había lisonjeado. Tomando, pues, Arato mil quinientos soldados de los de Antígono, los condujo por mar a Epidamo; pero Aristóteles ni siquiera lo esperó, sino que, poniéndose al frente de los ciudadanos, acometió a los que guardaban la ciudadela, y al mismo tiempo acudió en su auxilio Timoxeno, que con tropas de los Aqueos vino desde Sicione.

XXI.—Llegaron estas nuevas a Cleómenes a la segunda vigilia de la noche; y haciendo llamar a Megistono, le mandó con enfado que fuese al punto a dar socorro contra los de Argos, porque él había sido la principal causa de que Cleómenes se hubiera fiado demasiado de los Argivos, y quien le estorbó que no desterrase a los sospechosos.

Enviando, pues, a Megistono con dos mil hombres, él se quedó en observación de Antígono, y tranquilizó a los Corintios, diciéndoles que no había sido cosa lo de Argos sino un alboroto suscitado por unos cuantos. Mas sucedió que Megistono, llegado a Argos, murió en el combate, y los de