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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo VIII (1919-1921).pdf/226

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se dirigía a Egipto; conducida a la compañía de su marido, vivió con él en tierra extraña alegre y contenta. Entonces asistió a Cratesiclea, arrebatada por los soldados, la recogió el manto y la exhortó a tener buen ánimo, sin embargo de que mostró no arredrarla la muerte, no pidiendo mas que una sola cosa, que era morir antes que los niños. Llegadas al sitio en que los ministros acostumbraban hacer tales ejecuciones, primero dieron muerte a los niños a vista de Cratesiclea, y después a ésta misma, que en medio de tanta aflicción no pronunció más palabras que éstas: Hijos míos, a dónde habéis venido!» La mujer de Penteo se ciñó el manto, y siendo alta y de fuerza, callando y con reposo prestó su asistencia a cada una de las que murieron, y cubrió sus cadáveres en la forma que pudo. Finalmente, muertas todas, cuidó de su propio adorno, se recogió la ropa, y no permitiendo que se le acercase nadie ni la viese, sino el encargado de la ejecución, murió heroicamente, sin necesitar de nadie que cuidara de cubrirla y amortajarla después de su muerte. ¡Tan celosa fué de conservar, aun en este trance, la limpieza de su alma, y de guardar aquel pudor, que fué mientras vivió el antemural de su cuerpo!

XXXIX.—Lacedemonia, pues, habiendo puesto en contraposición y competencia en esta tragedia el valor de unas mujeres con el de los hombres, hizo ver que la virtud no puede ser nunca ofendida y agraviada por la fortuna. Al cabo de pocos