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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo VIII (1919-1921).pdf/255

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y sagrada, y violador del más santo y venerable templo entre todos los de la ciudad. Hubo, pues, de salir Nasica de Italia, sin embargo de que debieran detenerle las ocupaciones religiosas más augustas, porque era a la sazón Pontífice máximo. Anduvo, por tanto, en países extraños, afligido y errante, y al cabo de no largo tiempo murió en Pérgamo.

Y no es de maravillar que el pueblo aborreciese tanto a Nasica, cuando Escipión Africano, al que con justa razón amaron los Romanos sobre todos los demás, estuvo en muy poco que perdiera esta benevolencia del pueblo, porque a la primera noticia que sobre Numancia se le dió de la muerte de Tiberio exclamó, con aquel verso de Homero: ¡Siempre así; quien tal haga, que tal pague!

Y preguntándole después en una junta pública Cayo y Fulvio qué le parecía de la muerte de Tiberio, dió una respuesta con la que significó no haber sido de su gusto los actos de aquél, de resulta de lo cual el pueblo le interrumpió en su discurso, cosa que nunca antes había ejecutado, y él prorrumpió también en expresiones ofensivas al pueblo. Pero de todo esto tratamos más detenidamente en la Vida de Escipión.