que en los hechos del gobierno de Cleómenes las innovaciones e injusticias fueron mayores; los que reprenden las costumbres de unos y otros culpan desde luego a éste de tiránico y demasiado guerrero, y en los otros, aun los que más envidiosos se muestran, no censuran otra cosa que un exceso de ambición, viniendo a confesar que, arrojados fuera de su natural al encono y a la contienda con los que se les oponían, fueron como de un huracán impelidos a los extremos en sus medidas de gobierno. Porque ¿qué cosa más loable ni más justa que su primer propósito, si los ricos no se hubieran empeñado, usando de violencia y de todo su poder, en desechar la ley propuesta, poniendo con esto a ambos en la precisión de combatir, al uno por considerarse en riesgo y al otro por vengar a su hermano, muerto sin causa y sin declaración pre—cedente? De lo dicho colegirás tú por ti mismo la diferencia; pero si a pesar de esto es necesario pronunciar acerca de cada uno, tengo por cierto que Tiberio se aventajó a todos en virtud, que el que menores yerros cometió fué el joven Agis y que en osadía y arrojo Cayo fué muy inferior a Cleómenes.
FIN DEL TOMO OCTAVO