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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo VIII (1919-1921).pdf/60

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reírse; para la ira no era tan fácil ni pronto, pero una vez enfadado muy difícil de desenojar. Llegado el tiempo de la enseñanza, se vió que era tardo y pesado en percib r, pero luego que percibía, de buena memoria y retención; bien que, en general, sucede que los de ingenio pronto son olvidadizos, y memoriosos los que aprenden a fuerza de trabajo y aplicación; y es que en éstos cada cosa que aprenden viene a ser como una marca impresa en el alma a fuego. Parece también que la desconfianza hacía en Catón la instrucción más trabajosa y difícil, porque el aprender es un cierto padecer, y el dejarse persuadir pronto es ordinariamente de los que no se sienten con fuerza para contradecir; así es que más fácilmente creen los mozos que los viejos, y los enfermos que los sanos, y, en general, los que dudan poco son prontos y fáciles en asentir. Con todo, se dice que Catón se dejaba persuadir de su ayo, y hacía lo que le ordenaba; pero exigiendo la razón de todo, y preguntando el por qué de cada cosa, pues el ayo era benigno y afable y de los que prefieren la razón al castigo.

Su nombre era Sarpedón.

II. Siendo todavía Catón muy niño, solicitaron los aliados de los Romanos que se les hiciera participantes de los derechos de ciudad; y Silón Popedio, buen militar y de grande reputación, teniendo amistad con Druso, pasó a hospedarse en su casa bastantes días; en los cuales, habiendo contraído familiaridad con aquellos jóvenes: Ea—les dijo—, es menester que interce