a gran dicha el que se le presentase la oportunidad de esta disposición; como que no habría encontrado otro favor con que recompensar el amor de los 'ciudadanos si otro se le hubiera adelantado en éste.
XXII. Decretados que le fueron el segundo triunfo y el consulado, no era por esto por lo que parecía extraordinario y digno de admiración, sino que se tomaba por prueba de su superior poderío el que Craso, varón el más rico de cuantos entonces estaban en el gobierno, el más elegante en el decir, de mayor opinión, y que miraba com desdén a Pompeyo ya todos los demás, no se atrevió a pedir el consulado sin valerse de la intercesión de Pompeyo, cosa en que éste tuvo el mayor placer, porque hacía tiempo deseaba hacerle algún servicio u obsequio; así es que se encargó de ello con ardor, y habló al pueblo, manifestándole que no sería menor su gratitud por el colega que por la misma dignidad. Sin embargo, nombrados cónsules, en todo estuvieron discordes y se contradijeron el uno al otro. En el Senado tenía mayor influjo Craso, pero con la plebe era mayor el poder de Pompeyo, porque le restituyó el tribunado, y no hizo alto en que por ley se volviesen otra vez los juicios a los del orden ecuestre; pero el espectáculo más grato que dió a los Romanos fué el de sí mismo cuando pidió la licencia del servicio militar. Es costumbre entre los Romanos, en cuanto a los del orden ecuestre que han servido el tiempo establecido por ley, que lleven a la plaza su caballo a presentarlo a los dos ciudadanos que llaman