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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo VII (1919-1921).pdf/104

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blica subió a la tribuna, y arengando al pueblo, dijo habérsele aparecido Júpiter entre sueños y encargádole hiciese presente a los cónsules no dejaran el mando sin haberse antes hecho entre sí amigos (1). Pronunciadas estas palabras, Pompeyo se estuvo quieto en su lugar sin moverse; pero Craso empezó a alargarle la diestra y a saludarle, diciendo al pueblo: "No me parece, joh ciudadanos!, que hago nada que no me esté bien, o que me humille en ser el primero en ceder a Pompeyo, a quien vosotros creisteis deber llamar Magno antes que le hubiese salido la barba, y a quien antes de pertenecer al Senado decretasteis dos triunfos"; y habiéndose en seguida reconciliado, hicieron la entrega de su autoridad. Craso guardó siempre la conducta y método de vida que había tenido desde el principio, pero Pompeyo se fué desentendiendo poco a poco de patrocinar las causas, se retiró de la plaza, rara vez se mostraba en público, y siempre con grande acompañamiento, pues ya no era fácil el verle o hablarle sino entre un gran número de ciudadanos que le hacían la corte, pareciendo que tenía complacencia en mostrarse rodeado de mucha gente, dando con esto importancia y gravedad a su presencia, y creyendo que debía conservar su dignidad pura e intacta del trato y familiaridad con la muchedumbre. Porque la vida togada es resbaladiza al menosprecio para los que se han hecho grandes (1) Véase VIDAS PARALELAB: Craso, tomo VI. Colección Universal, números 129 y 130.