ter, se encaminó a Brindis. Habiendo tenido el tiempo favorable, siguió su navegación, pasando a la vista de muchas ciudades; mas respecto a Atenas no pasó de largo. Saltó, pues, en tierra, y habiendo sacrificado a los dioses y saludado al pueblo, al salir leyó ya estos versos heroicos hechos en su honor, a la parte adentro de la puerta: Cuanto en parecer hombre más te esfuerzas, más a los sacros dioses te pareces.
Y a la parte de afuera: Fuiste esperado, y en honor tenidoto hemos visto; feliz tu viaje sea.
De los piratas que todavía quedaban y erraban por el mar, trató con benignidad a algunos; y contentándose con apoderarse de sus embarcaciones y sus personas, ningún daño les hizo; con lo que concibieron los demás buenas esperanzas, y huyendo de los otros caudillos se dirigieron a Pompeyo y se le entregaron a discreción con sus hijos y sus mujeres. Perdonólos a todos, y por su medio pudo descubrir y prender a otros, que habían procurado esconderse por reconocerse culpables de las mayores atrocidades.
XXVIII.—El mayor número y los de mayor poder entre ellos habían depositado sus familias, sus caudales y toda la gente que no estaba en estado de servir, en castillos y pueblos fortalecidos hacia el monte Tauro; y ellos, tripulando convenientemente sus naves, cerca de Coracesio de