talentos a los Romanos en pena de sus ofensas, y que en la Sofena reinaría el hijo. A Tigranes fueron muy agradables estas disposiciones; y habiendo sido aclamado rey por los Romanos, en muestra de su alegría ofreció dar a cada soldado media mina de plata, diez minas a cada centurión y un talento a cada tribuno; pero el hijo se disgustó, y llamado a la cena, respondió que no necesitaba de Pompeyo, que así creía honrarle, porque él encon traría otro entre los Romanos; de resulta de lo cual se le puso en prisión para el triunfo. De allí a poco envió Fraates, rey de los Partos, a reclamar a este joven por ser su yerno, y al mismo tiempo pedía que pusiera Pompeyo al Eufrates por límite de sus provincias, a lo que contesté éste por límite de sus provincias, a lo que contestó éste que Tigranes más pertenecía al padre que al suegro, y que en cuanto al límite, se señalaría el que fuese justo.
XXXIV. Dejando a Afranio de guarnición en la Armenia, le fué preciso marchar contra Mitrídates por medio de las naciones que habitan el Cáucaso. De éstas, las más populosas son los Albanos y los Iberes: los Iberes están situados en las faldas de los montes Mosquicos, y los Albanos se inclinan más al Oriente y al mar Caspio. Estos, al principio, pidiéndoles Pompeyo el paso, se le habían concedido; pero habiendo cogido el invierno al ejército en aquel país y habiendo tenido los Romanos que celebrar la fiesta de las Saturnales, se dispusieron a acometerles en número de cua-