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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo VII (1919-1921).pdf/138

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a éstos su fortaleza, de la misma manera, exaltado en la república César por la autoridad de Pompeyo, con aquello mismo que le sirvió contra los demás derribó y acabó con éste, lo que sucedió de esta manera. Ya cuando Lúculo llegó del Asia, tan mal tratado por Pompeyo como se ha dicho, el Senado le hizo la mejor acogida; y después de la vuelta de éste procuró mover y despertar su ambición para que otra vez tomara parte en el gobierno. Hallábase ya Lúculo en cierta indiferencia para todo y muy tibio para voiver a los negocios por haberse entregado a los placeres y a las distracciones propias de los hombres ricos: mas, sin embargo, al punto se animó contra Pompeyo, y, tomando sus cosas muy a pechos, en primer lugar alcanzó la confirmación de las providencias que éste le había revocado, y en el Senado tenía mucho más favor que él con el auxilio de Catón. Desquiciado, pues, y excluído por aquella parte, Pompeyo se vió en la precisión de acogerse a los tribunos de la plebe y de reunirse con los mozuelos, de los cuales Clodio, que era el más insolente y más osado de todos, lo puso a la merced del pueblo; de manera que, trayéndolo y llevándolo a su arbitrio de un modo que no convenía a la dignidad de tan autorizado varón, le hacía apoyar las leyes y decretos que proponía para adular a la plebe y ganarle sus aplausos; y a pesar de que con esto le degradaba, aun le pedía el premio como si le hiciera favor, habiéndole arrancado, por último, como tal