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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo VII (1919-1921).pdf/142

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un anciano aun era más intempestivo el darse a los deleites que el tomar parte en los negocios.

Sin embargo, bien pronto se enmolleció él mismo con el amor de aquella jovencita, y por atender a ella y pasar en su compañía la vida en el campo y en los jardines se descuidó enteramente de lo que pasaba en la plaza pública, hasta tal punto, que Clodio, tribuno entonces de la plebe, llegó a despreciarle y a meterse temerariamente en los negocios más arriesgados. Porque después que expelió a Cicerón y que envió a Catón a Chipre bajo el pretexto de mandar las armas, como viese, cuando ya César había marchado a la Galia, que el pueblo en todo le prefería y todo lo disponía y hacía según su voluntad, al punto intentó revocar algunas de las providencias de Pompeyo; arrebató a Tigranes, que se hallaba cautivo, y lo retuvo consigo, y movió causas a algunos de los amigos de Pompeyo, para hacer prueba en ellos del poder de éste. Finalmente, en ocasión de acudir al tribunal Pompeyo con motivo de cierta causa, teniendo él a su disposición una turba de hombres insolentes y desvergonzados, se paró en un lugar muy público y les dirigió estas preguntas: "¿Quién es el Emperador corrompido y disoluto? ¿Qué hombre anda en busca de un hombre? ¿Quién es el que se rasca la cabeza con un dedo?". Y ellos, como si fuera un coro prevenido para alternar, al sacudir aquél la toga respondían a cada pregunta en voz alta: "Pompeyo." XLIX.—Mortificaban en gran manera estas co-