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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo VII (1919-1921).pdf/156

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dose dispensado de aquella circunspección que hasta allí había afianzado y dado estabilidad a sus prósperos sucesos, se entregó a una ilimitada confianza y al desprecio del poder de César, como que ya no necesitaba de armas ni de una gran diligencia contra él, sino que aun le había de ser más fácil entonces el destruirlo que le había sido antes el levantarlo. Concurrió además de esto haber venido Apio de la Galia, trayendo las tropas que Pompeyo había dado a César, y haber empezado a apocar las hazañas de éste, desacreditándole en sus conversaciones y diciendo que el mismo Pompeyo no llegaba a conocer todo el valor de su poder y gloria buscando apoyo en otras armas contra César, cuando con las suyas propias podía destruirle apenas se dejase ver, ya que tanto era el odio con que miraban a César y tan grande la inclinación que tenían a Pompeyo; éste se engrió de manera y llegó a tal extremo de descuido con la excesiva confianza, que se burlaba de los que temían la guerra; a los que le decían que si viniese César no veían con qué tropas se le podría resistir, sonriéndose y poniendo un semblante desdeñoso, les contestaba que no tuvieran cuidado ninguno, "pues en cualquier parte de Italia—decía que yo dé un puntapié en el suelo brotarán tropas de infantería y caballería".

LVIII. Ya César daba calor con más viveza a los negocios, no apartándose mucho de la Italia, enviando continuamente a Roma soldados suyos para que votaran en las asambleas y ganando y