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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo VII (1919-1921).pdf/160

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se divulgó la noticia, la turbación, el miedo y el asombro se apoderaron de Roma como nunca antes; el Senado partió corriendo en busca de Pompeyo, y también acudieron las autoridades. Preguntó Tulo acerca del ejército y tropas; y respondiéndole Pompeyo con inquietud, y como quien no está muy seguro, que tenía prontos los soldados que habían venido del ejército de César, y pensaba reunir en breve los que ya estaban alistados, que serían unos treinta mil, exclamó Tulo: "Nos engañaste, oh, Pompeyo!: " y fué de dictamen que se enviara a César una embajada. Un tal Favonio, hombre, por otra parte, de bondad, pero que con ser arrojado e insolente le parecía que imitaba la libertad y entereza de Catón, dijo entonces a Pompeyo: "Esta es la hora de que des aquel puntapié en el suelo, haciendo brotar las tropas que prometiste;" y tuvo que aguantar con mansedumbre esta impertinencia. Mas recordándole Catón lo que en un principio había predicho acerca de César, le contestó que, si bien Catón había profetizado mejor, él había procedido con mayor candor y amistad.

LXI. Aconsejaba Catón que se nombrara a Pompeyo generalísimo con la más plena autoridad, añadiendo que el que había causado grandes males solía ser el más propio para remediarlos, y al punto partió para Sicilia, que era la provincia que le había tocado, marchando también los demás a las que les habían cabido en suerte. Como se hubiese sublevado toda la Italia, era grande la