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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo VII (1919-1921).pdf/250

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nave armada que tenía propia para tomar parte en aquellos peligros. ¡Tan inclinado era a toda virtud y hasta tal punto conservaba la memoria de las acciones loables y las miraba como hechas en su bien!

XXXV.—Recorriendo la provincia de Babilonia, que ya toda le estaba sujeta, lo que más le maravilló fué la sima que hay en Ecbatana de fuego perenne, como si fuera una fuente, y el raudal de nafta que viene a formar un estanque no lejos de la sima. Parécese la nafta en las más de sus calidades al betún, y tiene tal atracción con el fuego, que antes de tocarle la llama, con la más mínima parte que le llegue del resplandor, inflama muchas veces el aire contiguo. Para hacer, pues, los bárbaros ver al rey su fuerza y su virtud, no derramaron más que unas gotitas de esta materia por el corredor que conducía al baño, y después, desde lejos, alargaron las hachas con que le alumbraban, porque ya era de noche, hacia los puntos que se habían rociado, e inflamados los primeros, la propagación no tuvo tiempo sensible, sino que, como el pensamiento, pasó el fuego de uno al otro extremo, quedando inflamado todo el corredor. Hallábase en el servicio de Alejandro un Ateniense llamado Atenofanes, destinado con otros al ministerio de ungirle y bañarle, y también al de procurarle desahogo y diversión. Este, pues, como a la sazón estuviese en el baño un mozuelo del todo despreciable y ridículo por su figura, pero que cantaba con gracia,