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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo VII (1919-1921).pdf/314

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la plaza un magnífico discurso en su elogio, y en la pompa fúnebre. se atrevió a hacer llevar las imágenes de Mario, vistas entonces por la primera vez después del mando de Sila, por haber sido los Marios declarados enemigos públicos. Porque como sobre este hecho clamasen algunos contra César, el pueblo les salió al encuentro decididamente, recibiendo con aplausos aquella demostración, maravillado de que, al cabo de tanto tiempo, restituyera como del otro mundo aquellos honores de Mario a la ciudad. El pronunciar elogios fúnebres de las mujeres ancianas era costumbre patria entre los Romanos; pero no estando en uso el elogiar a las jóvenes, el primero que lo ejecutó fué César en la muerte de su mujer (1), lo que le concilió cierto favor y el amor de la muchedumbre, reputándole, a causa de aquel acto de piedad, por hombre de benigno y compasivo carácter. Después de haber dado sepultura a su mujer partió de cuestor a España con Veter, uno de los generales, al que tuvo siempre en honor y respeto, y a cuyo hijo, siendo él general, nombró cuestor a su vez.

Después que volvió de desempeñar aquel cargo se casó por tercera vez con Pompeya, teniend de Cornelia una hija, que fué la que más adelante casó con Pompeyo el Magno. Como fuese pródigo en sus gastos, parecía que trataba de adquirir a grande costa una gloria efímera y de corta duración, cuando, en realidad, compraba mucho a costa (1) Cornelia, hija de Cinna.