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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo VII (1919-1921).pdf/319

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pechas contra él formadas, lo que no se verificó sin peligrosas agitaciones, como la sesión del Senado durase más tiempo que el que era de costumbre, acudió el pueblo con grande gritería y cercó la curia, reclamando a César y mandando que lo dejaran salir. De aquí nació que, temeroso el mismo Catón de las innovaciones a que podrían prestar apoyo los ciudadanos más miserables, que eran los que excitaban a la muchedumbre, por tener en César toda su esperanza, persuadió al Senado que les distribuyese trigo por meses, con lo que los demás gastos anuales de la república se aumentaron en cinco cuentos y quinientas mil dracmas; pero también esta disposición disipó notoriamente por lo pronto aquel gran temor y debilitó oportunamente el desmedido poder de César, que iba a ser pretor, y hubiera inspirado mayor miedo a causa de esta magistratura.

IX. No produjo ésta, sin embargo, ninguna turbación, y antes sobrevino un incidente doméstico muy desagradable para César. Publio Clodio era un joven, patricio de linaje, señalado en riqueza y en elocuencia, pero que en insolencia y desvergüenza no cedía el primer lugar a ninguno de los más notados de disolutos. Amaba éste a Pompeya, mujer de César, sin que ella lo llevase a mal; pero la habitación de Pompeya estaba cuidadosamente guardada, y la madre de César, Aurelia, mujer respetable y que andaba continuamente en seguimiento de la nuera, hacía difícil y peligrosa la entrevista de los amantes. Veneran