volviendo en su ánimo muchas cosas, mudando en silencio de dictamen, ya hacia a uno, ya hacia otro extremo, y haciendo en su propósito continuas variaciones. Mostróse asimismo muy perplejo a los amigos que se hallaban presentes, de cuyo número era Asinio Polión, calculando con ellos los grandes males de que iba a ser principio el paso de aquel río y cuánta había de ser la memoria que de él quedara a los que después vendrían. Por fin, con algo de cólera, como si dejándose de discursos se abandonara a lo futuro, y pronunciando aquella expresión común, propia de los que corren suertes dudosas y aventuradas, Tirado está ya el dado, se arrojó a pasar, y continuando con celeridad lo que restaba de camino, llegó a Arimino antes del día y lo ocupó. Dícese que la noche anterior a este paso tuvo un ensueño abominable, pues le pareció que se acercaba a su madre con una mezcla que sin horror no puede pronunciarse.
XXXIII. Después de tomado Arimino, como si a la guerra se le hubieran abierto anchurosas puertas contra toda la tierra y el mar, y como si las leyes de la república se hubieran conmovido con traspasarse los términos de una provincia, no se veía a hombres y mujeres como en otras ocasiones discurrir por la Italia, sino alborotadas las ciudades enteras, y que huyendo corrían de unas a otras. La misma Roma, como inundada de diferentes olas con la fuga y concurso de los pueblos del contorno, ni obedecía fácilmente a los