palabras humanas y populares, y los exhortó a que enviasen a Pompeyo personas que tratasen con él de una transacción decorosa; pero no hubo quien se prestara a ello, bien fuese por temor a Pompeyo, a quien habían abandonado, o bien por creer que, no siendo tal la intención de César, sólo usaba del lenguaje que el caso pedía. Opúsosele el tribuno de la plebe Metelo a que tomara caudales del repuesto de la república, y como alegase a este propósito ciertas leyes, le respondió: "Que uno era el tiempo de las armas, y otro el de las leyes; y si llevas a mal—añadió—lo que yo ejecuto, por ahora quítate de delante, porque la guerra no sufre demasías. Cuando yo haya depuesto las armas en virtud de un convenio, entonces podrás venir a hacer declamaciones; y aun esto lo digo cediendo de mi derecho: porque mío eres tú y todos aquellos sublevados contra mí de quienes me he apoderado". Al mismo tiempo que dirigía estas expresiones a Metelo se encaminaba a las puertas del erario, y no pareciendo las llaves envió a llamar a cerrajeros, a quienes dió orden de que las franquearan; y como Metelo volviese a hacer resistencia, habiendo algunos que lo apoyaban, le amenazó en voz alta que le quitaría la vida si no desistía de incomodarle; "y esto ya sabes, ¡oh joven!—añadió—, que me cuesta más el decirlo que el hacerlo". Hicieron estas palabras que Metelo se retirara temeroso, y que ya le fuese fácil el allegar y disponer todo lo demás necesario para la guerra.
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