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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo VII (1919-1921).pdf/59

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cedemonios pugnaran contra semejante torrente y tormenta de guerra, sino que, esparciendo la infantería dentro de la ciudad por los principales puestos, aguantaba las amenazas y provocaciones de los Tebanos, que le desafiaban por su nombre y le llamaban a peiear en defensa de su patria, ya que era la causa de todos los males, por haber dado calor a la guerra. No menos que estos insultos atormentaban a Agesilao las sediciones y alborotos de los ancianos, que le daban en cara con tan tristes acontecimientos, y de las mujeres, que no podían estarse quietas, sino que salían fuera de sí con el fuego y algazara de los enemigos. Afligíale además el punto de la honra, porque habiéndose encargado de la república floreciente y poderosa, veía conculcada su dignidad y ajada su vanagloria, de la que él mismo había hecho gala muchas veces, diciendo que ninguna Lacona había visto jamás el humo enemigo. Cuéntase asimismo de Antalcidas que, contendiendo con él un Ateniense sobre el valor y diciéndole: "Nosotros os hemos perseguido muchas veces desde el Cefiso", le contestó: "Pues nosotros nunca hemos tenido que perseguiros desde el Eurotas." Por este mismo término respondió a un Argivo uno de los más obscuros Espartanos, pues diciéndole aquél: "Muchos de vosotros reposan en la Argolide", le replicó: "Para eso, ninguno de vosotros en la Laconia." XXXII.—Refieren algunos haber Antalcidas, que era a la sazón Eforo, enviado sus hijos a Citera, temeroso de aquel peligro, en el cual Agesilao,