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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo VII (1919-1921).pdf/76

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Pompeyo, la codició y ella le hizo penar mucho en sus solicitudes, hasta que por fin tuvo que responderle que se resistía a causa de Pompeyo; que Geminio se lo dijo a éste y Pompeyo condescendió con su deseo, y de allí en adelante jamás volvió a tratarla ni verla, sin embargo de que parecía que le conservaba amor; y finalmente, que ella no llevó este desvío como es propio a las de su profesión, sino que de amor y de pesadumbre estuvo por largo tiempo enferma. Fué tal y tan celebrada, según es fama, la hermosura de Flora, que, queriendo Cecilio Metelo adornar con estatuas y pinturas el templo de los Dioscuros, puso su retrato entre los demás cuadros a causa de su belleza. Mas, volviendo a Pompeyo: con la mujer de su liberto Demetrio, que tuvo con él gran valimiento y dejó un caudal de cuatro mil talentos, se condujo, contra su costumbre, desabrida e inhumanamente, por temor de su hermosura, que pasaba por irresistible y era también muy admirada, no se dijese que ella era la que le dominaba.

Mas, sin embargo de vivir con tan excesivo cuidado y precaución en este punto, no pudo librarse de la censura de sus enemigos, sino que aun con mujeres casadas le calumniaron de que por hacerles obsequio solía usar de indulgencia y remisión en algunos negocios de la república. De su sobriedad y parsimonia en la comida se refiere este hecho memorable: estando enfermo de algún cuidado le prescribió el médico por alimento que comiese un tordo; anduviéronle buscando los de su familia