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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo VI (1919-1921).pdf/101

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Surenas se adelantara a tentar la batalla y detener a los enemigos. Porque tampoco Surenas era un hombre plebeyo, sino en riqueza, en linaje y en opinión el segundo después del rey; en valor y en pericia el primero entre los Partos de su edad, y, además, en la talla y belleza de cuerpo no había nadie que le igualara. Marchaba siempre solo, llevando su equipaje en mil camellos, y en doscientos carros conducía sus concubinas, acompañándole mil soldados de a caballo armados, y de los no armados mucho mayor número, como que entre dependientes y esclavos suyos podría reunir hasta unos diez mil. Tocábale por derecho de familia ser quien pusiese la diadema al que era nombrado rey de los Partos; y él mismo había vuelto a colocar en el trono a Hirodes, arrojado de él, y le había reconquistado a Seleucia, siendo el primero que escaló el muro y quien rechazó con su propia mano a los que se le opusieron. No tenía entonces toda vía treinta años, y con todo, gozaba de una grande opinión de juicio y de prudencia, dotes que no fueron las que contribuyeron menos a la ruina de Craso, más expuesto a engaños que otro alguno; primero, por su confianza y orgullo, y después, por el terror y por los mismos infortunios que sobre él cargaron.

XXII. Luego que Ariamnes le hubo seducido, apartándole del río, le llevó por medio de la llanura, al principio por un camino abierto y cómodo, pero molesto después a causa de los montones de arena y por ser el terreno escueto, falto de agua