les objetos y tal leyenda. Mas el concepto que los Seleucienses formaron fué que Esopo había sido un sabio; viendo que Surenas presentaba por delante el cabo de alforja en que se contenían las disoluciones Milesíacas, cuando en pos de sí traía una Sibaris Partica en tanto número de concubinas como las que conducía en sus carros; siendo su ejército, al parecer, como las víboras y las escitalas, porque las partes anteriores, y que primero aparecían, eran feroces y terribles, estando cercadas de lanzas, de arcos y de caballos, y luego la cola remataba en rameras, en crótalos, en cantos y en nocturnas disoluciones con infames mujercilas. No merecía, ciertamente, disculpa Rustio; pero no estaba bien a los Partos vituperar en los Romanos la pasión por los libros Milesíacos, cuando muchos de los Arsácidas que reinaban sobre ellos habían sido descendientes de rameras de la Jonia y de Mileto.
XXXIII. Entretanto que esto pasaba, Hirodes había ya hecho la paz con el rey de Armenia, Artavaces, y había convenido en tomar la hermana de éste para mujer de su hijo Pacoro. Con este motivo eran frecuentes los banquetes y festines de uno a otro, y se entretenían con las representaciones teatrales de la Grecia, porque Hirodes no ignoraba ni la lengua ni las letras griegas y Artavaces componía tragedias y había escrito oraciones e historias, de las cuales algunas todavía se conservan. Cuando la cabeza de Craso fué conducida a las puertas del palacio no se habían