con esto por más a propósito, a causa de su inteligencia y de su nimia previsión, que contrastarían muy bien con la osadía de Alcibíades y la prontitud de Lamaco, dieron a su elección mayor firmeza; pcrque, levantándose Demostrato, que era el orador que más inflamaba a los Atenienses para aquella expedición, dijo que él haría callar a Nicias; y escribiendo un decreto, por el que se daban a los generales plenas facultades para resolver y ejecutar acá y allá cuanto les pareciera, hizo que el pueblo lo sancionase.
XIII. Dícese que por parte de los augures se propusieron también muchas cosas que contradecían aquella jornada; pero teniendo Alcibíades otros agoreros, presentó, de ciertos oráculos antiguos, uno, en que se decía que les vendría a los Atenienses grande esplendor de parte de la Sicilia, y, además, le vinieron ciertos adivinos de Júpiter Amonio, trayéndole un oráculo, por el que se prometía que los Atenienses se apoderarían de todos los Siracusanos; pero los que les eran contrarios los ocultaban, por temor de que se tomase a mal agüero. Lo que no era mucho, cuando no los contenían las señales más visibles y manifiestas, como la mutilación de los Hermes, que a todos en una noche les fueron cortadas las partes prominentes, a excepción de und solo, llamado de Andocides, ofrenda de la tribu Egeide, y que estaba junto a la casa en que Adocides habitaba entonces; y como la atrocidad ejecutada en el ara de los doce Dioses, la cual consistió en que un