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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo VI (1919-1921).pdf/59

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triste y miserable que el ver a Nicias, debilitado por sus males y reducido, en medio de su dignidad, a lo más preciso, sin poder usar de los alivios que por el mal estado de su salud le eran más necesarios, y que, a pesar de todo, hacía y toleraba en aquella situación lo que no sufrían muchos de los que se hallaban sanos: echándose bien de ver que, no por sí mismo, ni por apego a la vida, aguantaba aquellas penalidades, sino que era el amor a sus conciudadanos el que le hacía no dar por perdida toda esperanza. Así, cuando los demás prorrumpían en lágrimas y sollozas, por el miedo y el dolor, si alguna vez se veía forzado a dar iguales muestras de su aflicción, se advertía que era a causa de comparar la afrenta e ignominia de su ejército con la grandeza y gloria de los triunfos que habían esperado conseguir. Aun sin tenerle a la vista, con sólo recordar sus discursos y las exhortaciones que había hecho para impedir la expedición, se les ofrecía que muy sin causa sufría aquellas calamidades, tanto, que hasta su esperanza en los Dioses llegó a debilitarse en gran manera, al considerar que un hombre tan piadoso, y en las cosas de la religión tan puntual y generoso, no era mejor tratado de la fortuna que los más perversos y ruines del ejército.

XXVII.—Esforzábase Nicias a mostrarse en la voz, en el semblante y en el modo de saludar superior a tanta desgracia, y en los ocho días de marcha, acometido y herido por los enemigos, conservó invencibles las fuerzas que tenía consigo, hasta