andar en persecución de unos hombres que nunca venían a las manos, se encontraban, contra lo que se habían prometido, con que los esperaban grandes combates y peligros; así es que aun algunos de los primeros del ejército creyeron que Craso debía contenerse y deliberar de nuevo sobre el partido que convendría tomar, de cuyo número era el cuestor Casio. Anunciábanle también reservadamente los agoreros que las víctimas le daban siempre funestas y repugnantes señales; mas ni a éstos quiso dar oídos, ni a ninguno que no le hablase de seguir adelante.
XIX. Vino en esto a confirmarle maravillosamente en su propósito Artabaces, rey de Armenia, ponque pasó a su campo con seis mil soldados de a caballo, que dijo constituían su guardia y su defensa, prometiendo otros diez mil armados de corazas y treinta mil infantes que mantendría a su costa. Aconsejaba a Craso que se dirigiera por Armenia a la Partia, pues no sólo tendría su ejército abundantemente provisto por su cuidado, sino que caminaría con toda seguridad, haciendo la marcha por montes y collados continuos, y por sitios ásperos, inaccesibles a la caballería, que era toda la fuerza de los Partos. Apreció mucho su buena voluntad y sus cuantiosos 60corros, mas díjole que le era preciso marchar por la Mesopotamia, donde había dejado muchos y buenos soldados romanos; el Armenio a esto cedio, y se retiró. Cuando Craso conducía su ejército cerca de Zeugma, se desgajaron frecuentes y