rosa gritería, como era natural siendo asesinados tantos en un recinto estrecho, y corio los senadores se asustasen, del mismo modo que estaba hablando, no alterándose ni mudándosele el semblante, les mandó que atendiesen a lo que decía, sin meterse en las cosas de afuera; porque aquello no era más que un castigo hecho de su orden a algunos perversos. Esto hizo conocer, aun al menos despierto de los Romanos, que habían mudado de forma de tiranía, pero no la habían sacudido, pues al cabo, Mario, habiendo mostrado dureza desde el principio, con el poder la aumentó, pero no mudó de carácter, y Sila, que había empezado a usar suave y políticamente de su fortuna, ganando concepto de un general popular y benigno, y que era además divertido desde joven, y blando a la compasión, pues lloraba con mucha facilidad, se pudo sospechar que recibió aquella tan extraña mudanza de la misma grandeza de su poder, que no le dejó permanecer en sus antiguas costumbres, sino que las convirtió en feroces, soberbias e inhumanas. Mas si esto fué variación y mudanza causada en su índole por la fortuna, o más bien manifestación que hizo el poder de la perversidad que antes abrigaba en su corazón, sería de otra investigación el definirlo.
XXXI.—Dado ya Sila desenfrenadamente a la carnicería, en términos de llenar la ciudad de asesinatos que no tenían número ni fin, siendo muchos sacrificados a enemistades particulares que en nada le tocaban, sólo por condescenden-