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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo V (1919-1921).pdf/121

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go tiempo que tenía dañadas las entrañas; enfermedad que, habiendo viciado la carne, la convirtió toda en piojos; de manera que con ser muchos los que de día y de noche se los quitaban, nada eran los quitados para los que de nuevo sobrevenían; sino que las ropas, el baño, lo que se empleaba para limpiarle, y hasta la comida misma, todo se llenaba de aquella podredumbre y corrupción: ¡tanto era lo que cundía! Así, muchas veces al día se metía en el agua, lavando el cuerpo y limpiándolo, pero de nada servíaporque en prontitud ganaba la mudanza, y la muchedumbre vencía toda diligencia. Dícese que entre los más antiguos murió de piojos Acasto (1), hijo de Pelias, y más modernamente Alcman el poeta, Ferecides el teólogo y Calistenes de Olinto, estando en la cárcel, y además Mucio el jurisconsulto; y si se ha de hacer mención de personas en sí ruines, pero que de algún modo se hicieron conocidas, refiérese igualmente que el fugitivo que empezó en Sicilia la guerra servil, llamado Euno, traído a Roma después de cautivo, murió también de piojos.

XXXVII. Sila no sólo previó su muerte, sino que en cierta manera escribió acerca de ella; porque acabó de escribir el libro vigésimosegundo de sus Comentarios dos días antes de morir, y dice haberle predicho los Caldeos que después de haber tenido una vida ilustre y señalada fallecería (1) Uno de los Argonautas.

VIDAS.—T. V