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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo V (1919-1921).pdf/14

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más, a las instituciones de Esparta, valiente y domador de todos los placeres, a excepción solamente de aquel que resulta al hombre de vencer y de ser honrado por sus grandes hechos: porque no es en Esparta reprensible el que los jóvenes se dejen dominar de este placer, sino que quieren que desde el principio se sientan inflamados del deseo de gloria, entristeciéndose con las reprensiones y engriéndose con las alabanzas; y al que lo ven impasible e inalterable en cuanto a estos sentimientos, teniéndole por indiferente a la virbud y por desidioso, lo desprecian. Así, lo que había en él de ambición y de emulación, le quedó de la educación patria, sin que en ello pueda atribuirse gran parte a la Naturaleza. Fué, sí, por carácter más obsequiador de los poderosos, y más acomodado a sufrir el ceño de la autoridad, cuando lo exigía el caso, de lo que convenía a un Espartano; lo que, sin embargo, dicen algunos ser una parte muy principal de la política. Aristóteles, cuando dice que los grandes ingenios son melancólicos, como el de Sócrates, el de Platón y el de Hércules, refiere que Lisandro no cayó en este afecto desde luego, sino cuando ya era anciano.

Lo propio y peculiar de su índole fué el que supo llevar con gran espíritu la pobreza, no siendo nunca dominado ni corrompido por los intereses; así es que, con haber llenado su patria de riqueza y de la codicia de ella, no siendo ya admirada como antes de que no la tenía en admiración, y haber introducido gran copia de oro y plata después