llamada Cleonice, los padres, por el miedo y la necesidad, la dejaron ir; y como ella hubiese pedido que se quitase la luz de delante del dormitorio, entre las tinieblas y el silencio, al encaminarse al lecho, tropezó sin querer con la lamparilla, y la volcó, y que él entonces, hallándose ya dormido, asustado con el estrépito, y echando mano a la espada, como si se viese acometido por un enemigo, hirió y derribó al suelo a la doncella. Murió ésta de la herida, y no dejaba reposar a Pausanias, sino que su sombra se le aparecía de noche entre sueños, pronunciando con furor estos versos heroicos: Ven a pagar la pena: que a los hombres no les trae la lujuria más que males; con lo que, como se hubiesen irritado también los aliados juntamente con Cimón, le pusieron cerco.
Huyóse, sin embargo, de Bizancio, y espantado de aquel espectro, se dirigió, según se dice, al oráculo mortuorio de Heraclea, y evocando el alma de Cleonice, le pidió que se aplacara en su enojo.
Compareció ella al conjuro, y le dijo que se libertaría pronto de sus males, luego que estuviese en Esparta; significándole, a lo que parece, por este medio la muerte que había de tener; así se halla escrito por diferentes historiadores.
VII. Cimón, hechos ya del partido de Atenas los aliados, marchó por mar de general a la Tra-