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Página:Ranz Romanillos - Vidas paralelas - Tomo V (1919-1921).pdf/153

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to se echaron a tierra; los primeros pudieron escapar huyendo al ejército que estaba cerca, pero los demás fueron detenidos y muertos, y disuelta la armada. Ahora, la prueba de que las naves de los bárbaros habían sido en excesivo número, es que, con haber huído muchas, como es natural, y haber sido otras muchas destruídas, todavía apresaron doscientas los Atenienses.

XIII. Bajaba el ejército hacia el mar, y le pareció a Cimón obra muy ardua contenerle en su marcha y hacer que los Griegos acometieran a unos hombres que venían de refresco y eran en gran número; con todo, viendo a éstos muy alentados y resueltos con el andor y engreimiento que da la victoria a arrojarse en unión sobre los bárbaros, a la infantería, que todavía estaba caliente del combate naval, le hizo que cargase con ímpetu y algazara, y resistiendo y defendiéndose por su parte los Persas, no sin bizarría, se trabó una muy reñida batalla. De los Atenienses cayeron los hombres de mayor valor y de mayor opinión, pero al fin hicieron huir a los bárbaros, con gran matanza de ellos, y después tomaron prisioneros a otros, y les ocuparon las tiendas llenas de toda especie de preciosidades. Cimón, que como diestro atleta en un día había salido vencedor en dos combates, no obstante haber excedido con la batalla campal al triunfo de Salamina y con la naval al de Platea, aún añadió otro trofeo a estas victorias; pues sabiendo que las ochenta galeras fenicias, que no tuvieron parte en el combate, habían aportado a VIDAS.—T. V.