sus reales, dispuso que las naves de carga acudiesen de todas partes a aquel punto y llenó sus puertos de mercaderías, de negociaciones su plaza y de riquezas sus casas y talleres; de manera que desde aquel tiempo tuvo ya. por Lisandro, la esperanza de la magnificencia y poder de que ahoradisfruta.
IV. Noticioso de que Ciro, hijo del Rey, venía a Sardis, subió a trata: con él y a acusar a Tisafernes de que, aparentando dar auxilio a los Lacedemonios y querer expeler del mar a los Atenienses, parecía, sin embargo, que, ganado por Alcibíades, había perdido su actividad, y que, proveyendo a los gastos de la escuadra con escasez, se proponía destruirla. Tenía deseo el mismo Cire de encontrar en falta a Tisafernes y de que se le hablara mal de él, porque le conceptuaba malo y porque había entre los dos particulares motivo de disgusto. Mirado Lisandro con aprecio por este motivo y por toda su conducta, principalmente, se atrajo con su obsequioso trato el afecto de aquel joven, al que confirmó en las ideas de guerra; y cuando ya estaba para retirarse, dándole Ciro banquete, le encargó que de ningún modo desechara su disposición a complacerle, sino que dijese y pidiese cuanto quisiera, porque en nada sería desatendido. Entonces Lisandro le salió al encuentro, diciendo: "Pues que tal es, ¡oh Ciro!, tu buena voluntad, te pido y te exhorto a que añadas an óbolo al estipendio de los marineros, de manera que perciban cuatro óbolos en lugar de tres." Compla-