divertida, y no para él, que había dejado a su emperador al raso, acampado en las mismas fortificaciones de los enemigos.
III. Retiróse Tolomeo de la alianza, temeroso de tener que hacer la guerra; no obstante esto, le dió naves que le acompañasen hasta Chipre, y, saludándole y obsequiándole en el mismo puerto, le regaló una esmeralda engastada en oro, de las más raras y preciosas; y aunque al principio se negó a admitirla, haciéndole ver el Rey que estaba grabado en ella su retrato, temió rehusarla, no se creyera que se retiraba enteramente enemistado y se le persiguiese en el mar. En la misma navegación fué reuniendo gran número de naves de las ciudades litorales, a excepción de las de aquellos que estaban dados a la piratería; dirigióse a Chipre, y como allí se le asegurase que, hechos al mar los enemigos, le estaban esperando en los promontorios, retiró todas las lanchas y escribió a las ciudades, hablándoles de invernaderos y de víveres, como si allí hubiera de pasar la estación; mas, luego que tuvo viento, levantando áncoras, se hizo de repente a la vela, y navegando de día con los lienzos recogidos, y tendidos de noche, aportó salvo a Rodas. Proporcionándole naves los Rodios, persuadió a los de Coo y Gnido que, abandonando el partido del Rey, se le reuniesen para militar contra los de Samos. De Quio arrojó por sí mismo a las tropas del Rey y dió libertad a los Colofonids, apoderándose de Epígono, su tirano Ocurrió por aquel mismo tiempo el que Mitrida-